Por riscos y brañas de Los Oscos. 15/08/2010
¡Que bien que lo vamos a pasar!. Del 09/08/2010 al 15/08/2010. Asturias.
La aventura comienza en la ciudad de Lugo hasta donde llego tras un tedioso viaje en autocar. El día es claro y soleado. Presentación de los compañero/as de travesía y rápidamente inicio del trayecto hacia el albergue de Vega del Carro.
En el camino paramos para hacer una visita al castro de Viladonga, primero al centro de interpretación con sus detalles, gráficos, maquetas e historia, para luego pasear entre las piedras milenarias, imaginando la vida de unos antepasados "recientes".
De aquí, directamente al albergue, en donde una comida en comunidad regada con unos culines de sidra nos ponen a tono. Instalación en las habitaciones y literas, y breve revisión de las vistas que nos rodean. Magnífico ambiente rural.
Después del descanso procede un paseo que se realiza a las Peñas del Corro, desde donde se empieza a ver el paisaje que nos acompañará estos días. Una vuelta en círculo por senderos llenos de espinos (toxo) nos lleva a la carretera de acceso al albergue. Un desvío previo nos conduce a la ermita de Barcia-Quintá, sencilla, pequeña, acogedora, de grandes tejas (louxas), pero sobre todo amparada por la sombra de un tejo centenario. Historias de todo tipo se prodigan. Vuelta a casa, cena y queimada, animada por la magia del conjuro y la puesta en escena de José Luis.
El segundo día nos conduce hacia el Forcón, cruce de arroyos y de lobos, en donde probamos la frescura de las aguas del lugar y de las sombras de sus árboles. En nuestro caminar pasamos por agrupaciones de casas familiares (Las Casías, con su panera) y aldeas de viejos raigambres como el escudo con referencias a Bizkaia. Finalmente llegamos a Santalla de Oscos, pasamos y nos instalamos en un área de descanso con su arroyo de frías aguas.
Desde aquí iniciamos el ascenso por la vera del arroyo Argüeira hasta llegar a la "seimeira" o cascada: lugar donde el agua se precipita desde las rocas superiores sobre una poza de claras aguas que invitan a meterse en ellas.
Vuelta al albergue, cena y paseo bajo las estrellas, describiendo cada uno las que es capaz de reconocer.
El miércoles salimos en dirección Norte por un sendero paralelo a la carretera hasta llegar a la parte alta de la colinae, en donde tomamos hacia el Este. Buenas vista hasta la cordillera Cantábrica. Son pistas forestales que nos conducen hacia Villanueva de Oscos, en donde realizamos una visita al monasterio del siglo XII y a la iglesia del Cister con su primera fila de columnas inclinadas por el impulso de la bóveda de cañón. Antes hemos descansado y comido en el área de Santa Eufemia, y nos hemos bañado en las aguas que lo rodean.
Iniciamos de nuevo el trayecto hacia el Sur por un camino a media altura, paralelo a la carretera, hasta que baja a encontrarse con ella. Aquí se cambia de vertiente e iniciamos una subida de fuerte pendiente aunque bien señalizada y balizada (por culpa de ZP, según dicen). A medida que se sube las vistas se van ensanchando, siendo muy amplias en el descanso establecido en la cima. Desde aquí se abre una pista forestal que llega a cerrar el círculo con el camino de la mañana e iniciar la bajada hasta el albergue por el mismo camino.
Descanso, cena y cierre del día.
El cuarto día amanece lloviendo y eso que el plan es ir a la costa con posibilidades de playa. Nos desplazamos en bus hasta Castropol, en donde empezamos con un paseo en canoa. En grupos de 2 ó de 3, nos embarcamos y salimos por la ría en dirección al mar, llegando a pasar bajo el puente de los Santos, en donde las olas comienzan a mover las canoas de forma alternativa. Media vuelta y regreso por la otra orilla de la ría (Galicia) hasta el punto de partida. Vuelta al bus y desplazamiento hasta la playa de As Catedrais para ver las espectaculares formaciones sedimentarias. Un paseo, unas fotos y un bañito son el punto final antes de desplazarse a Ribadeo a dar cuenta de la comida en agradable compañía.
Después un paseo por la ciudad para ver sus calles, sus casas (la del marqués de Sargadelos), su entorno, la ría, etc., hace que la tarde vaya decayendo. Un nuevo desplazamiento hasta el pueblo de enfrente, Castropol, nos permite repetir estas mismas acciones (estatua de Villamil, paseo marítimo, etc), antes de tomar definitivamente el bus y regresar al albergue a descansar.
El viernes se inicia con una visita a la casa natal del Marqués de Sargadelos (no llegó a ser marqués), a través de la cual se descubre la forma de vivir de los antepasados de la zona (por extensión, de otras zonas de Asturias y Galicia).
Después nos desplazamos hasta Ferreira ara iniciar la caminata. Iniciamos una suave subida hasta alcanzar la crestería, disfrutando de una bella vista del río Agüera, del puente de piedra y de su pequeña presa. Desde allí nos desplazamos por toda la crestería, dejando el río a nuestra izquierda y sin dejar de escuchar el rumor del agua en movimiento. Al final de la misma se desciende entre piornos por un camino bien marcado hasta alcanzar el río. Un área sombría junto al mismo, a la vera de un puente de madera y de un molino derruido, nos permite disfrutar de un buen descanso y un baño relajante.
El regreso nos conduce hasta el pueblo de La Coba y a la ascensión por la vertiente contraria. La subida es suave y de menor altura que la realizada a la ida. A partir de aquí se va serpenteando entre los castaños y robles, siguiendo las trazas del camino y viendo a nuestra izquierda el serpenteante desfiladero del río, para acabar en el borde del mismo, junto al puente de piedra que vimos a la mañana.
Desplazamiento hasta el albergue a por la merecida cena, y noche de vivac para los que quisieran dormir al aire libre.
El sábado empieza con una visita al ecomuseo del pan en donde se puede ver el ciclo completo de fabricación del pan: siembra del centeno y el trigo, recolección, malla, almacenamiento, molienda, amasado y cocción.
A la hora de comer nos decantamos por degustar las excelencias de los platos del lugar en el restaurante Oscos de Villanueva. Después de la sobremesa, un pequeño recorrido hacia el palacio de Mon (ya abandonado y en franca decadencia) y un paseo por los esplendidos miradores de los alrededores, pone fin a un tranquilo día de convivencia.
Regreso al albergue, una pequeña charla sobre mapas y orientación en el monte, y a cenar antes de retirarse a descansar.
El domingo, último de la estancia en este lugar, comienza con la preparación del equipaje para no tener problemas de última hora. Se pretende pasar un día tranquilo. Andando, nos desplazamos por un bosque de enormes robles hasta Santalla.
Una visita al aula didáctica del entorno nos permite recordar todo lo visto en los últimos días: robles, castaños, fresnos, alisos, tejos, abedules, avellanos, acebos, nogales, etc.
La siguiente parada es el telar de Irene, en donde ella teje todo tipo de productos utilizando el lino como materia prima. Compras.
Una visita a una panadería con productos tipos del entorno es otra excusa para una nueva parada. Compras. El regreso al albergue se hace por una ruta paralela a la de ida, para llegar a la hora de la comida que consiste en una fabada asturiana excelentemente preparada. Como broche de despedida no puede estar mejor elegido.
A partir de este momento llegan las despedidas, el intercambio de buenos deseos y los oportunos modos de contacto. El bus que nos desplazará hasta Lugo ya está esperando; es un viaje similar al del primer día pero las sensaciones son totalmente contrarias, en parte amargas por que es la despedida de las vacaciones y de la estancia en tan bello lugar, y en parte dulces por las vivencias compartidas y las nuevas experiencias experimentadas.
Una vez en Lugo se van produciendo las despedidas, ya que cada uno tiene su transporte a una hora determinada, mientras otros se van a sus hoteles ya que se quedan a dormir en la ciudad.
Una vez todos despedidos, y ante la disponibilidad de tiempo suficiente, procedo a dar una vuelta por la ciudad: la catedral, las murallas, las callejuelas del casco antiguo, etc. Miro el reloj, y marca casi las 8 de la tarde. Encamino mis pasos hacia la estación de autobuses cuando, desde la torre del reloj, suenan las señales horarias. ¡Que sorpresa! Es un poema musicado, por ejemplo por Luz Casal en Mar Adentro, de Rosalía de Castro: Negra Sombra. Los recuerdos de la poetisa, de Padrón, de esa música escuchada en otros lares, de tantas negras sombras del pasado, se agolpan en la mente intentando quedarse, pero al final la melodía prevalece sobre todas y, mientras los pasos me llevan hacia la estación, se deja sentir una y otra vez: ..... negra sombra que me asombra . . . .
Con esta compañía y los recuerdos de todo lo vivido en este corto espacio de tiempo, me montó en el autobús e inicio el camino de vuelta a casa, . . . .¡hola, Bilbao!
sxixso dijo
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2 Diciembre 2010 | 01:18 AM