Peña El Cuadro - Armañón 3/05/09
Armañon (854 M.). Cantabria
Un nuevo día de monte se levanta, claro, luminoso, fresco y con buenas perspectivas. Al inicio, la temperatura es agradable y la opción de poca ropa que evite molestos bultos, parece la más acertada.
La subida se realiza por el valle del arrollo Remendón siguiendo literalmente su cauce. Ello nos obliga a cruzarlo hasta 10 veces. No lleva mucha agua pero si la suficiente para mojar el calzado de monte y llegar a meterse dentro. Y más de uno consigue probarlo. Otros, más precavidos, lo evitan descalzándose antes de cruzar. Las resbaladizas piedras del lecho, también colaboran en que alguna caída deje huellas húmedas en la vestimenta seca de varios senderistas. Las caídas de agua y las presas naturales o artificiales, le dan un atractivo especial al paseo (especialmente para los fotógrafos).
Lógicamente la vegetación es abundante, la zona y la frescura del agua ayudan a ello: robles, sauces, encinas, acebos o fresnos, se mezclan con avellanos, perales, endrinos, manzanos o arándanos. Desde los claros: monte bajo, espinos o simples herbáceas, se va percibiendo el avance en el recorrido: la ermita de Las Nieves es un punto de referencia muy significativo que pronto vamos dejando atrás.
En un determinado momento empezamos a ascender suavemente, avanzando a media ladera, en un paisaje más diáfano, en donde la profundidad del bosque disminuye, el sol empieza a picar y, sobre nuestras cabezas, se ve la peña que hemos de ascender. A llegar a un pequeño y curioso dique que recoge las aguas que bajan de la montaña y las dirige hacia un regato, la ascensión a la peña empieza realmente. Este regato conduce directamente al punto de partida inicial y lo deberemos encontrar, a la tarde, en el camino de retorno.
La subida es fuerte y libre de vegetación, con abundantes rocas calizas entre las hierbas. El ritmo se mantiene pero el pulso se acelera. Después de un esfuerzo generoso llegamos a la cima, la Peña de El Cuadro, en donde hay un respiro, algo de alimento y un recreo generoso para la vista. El sol sigue presente allí en lo alto.
Desde aquí se aprecia todo el valle recorrido, con la ermita de Las Nieves coronando las laderas de la izquierda, hacia la mitad del recorrido. Estamos casi al final del valle, en una cima anterior al mismo. Mirando en dirección opuesta, al sur, el paisaje es rocoso, con un par de subidas y bajadas, y las laderas de cierre del valle conduciendo directamente al Armañón, justo en frente. A nuestra derecha, las laderas boscosas nos sobrepasan, se van transformando en rocosas y acaban coronadas por el pico Los Jorrios, casi a su misma altura y a su derecha. Desde este punto no impresiona demasiado, pero habría que bajar a una pequeña depresión para iniciar la subida.
A media ladera del Armañón, por entre las rocas más bajas de la ladera de los Jorriós, desapareciendo por la vertiente derecha del valle en dirección a la presa del Juncal, y pareciendo venir desde las mismas estribaciones del pico Las Nieves, se aprecia un serpenteante canal construido por la mano del hombre con las mismas rocas del entorno. No se notaria su presencia si no fuese por la línea continua que dibuja en el paisaje y las oscuras oquedades de los pequeños túneles que taladran los mayores roquedales.
Es hora de continuar. Iniciamos la aproximación, entre las rocas calizas, hasta el inicio de la ladera final, y comenzamos a subir. El canal nos interrumpe el paso. Hay que saltarlo por la zona más asequible, ya que lleva agua como para mojar algo más que la suela de la bota. La subida es constante, abierta, de suaves prados y con la presencia constante de vacas y terneros.
Por fin alcanzamos la cima. Las vistas son impresionantes. A parte de lo ya mencionado: el pico Ranero, las cuevas de Pozalagua, el corte del río Carranza hacia Cantabria, la sierra Salvada con sus montes al fondo y el resto de las cimas de Vizcaya cerrando el círculo hacia los Jorriós. El sol ha dejado de estar presente por causa de una nubosidad en aumento.
Un descanso, un poco de agua e iniciamos el descenso. Lo hacemos por la ladera opuesta a la subida, por la base de las cimas de ese lado. No hay tiempo para hacer una subida más a cualquiera de ellas. Cuando ya hemos superado la zona de los túneles del canal de la presa del Juncal, recordamos que llevaba bastante agua, hacemos una bajada en vertical hasta alcanzar el mismo canal. A partir de aquí, andando por el muro del mismo, suficientemente ancho pero con fuertes caídas si hay un descuido, acabamos llegando a la presa. Además se empiezan a ver pequeños golpes de niebla que han alejado totalmente al sol y nos hacen apresurar ligeramente la marcha.
Ahora el camino habitual está bien señalizado, pero para llegar al punto de partida no lo podemos tomar. En su lugar, volvemos a lanzarnos por las laderas de su izquierda como si quisiéramos volver al fondo el valle por el que habíamos subido. Entre cercas, buenos pastizales y espinos quemados, acabamos alcanzando nuestro objetivo: el regato sobrepasado por la mañana que, de una manera suave y refrescante, nos lleva al punto de partida. A partir de aquí, un paseo.
A la llegada, el primer punto a visitar es la fuente pública. Y el segundo: las sillas de la terraza de un bar. Son las 7,30 de la tarde y el cansancio se ha acumulado El día ha sido soleado, aunque al final se haya suavizado, la piel muestra las marcas rojizas del mismo y el agua (de beber) ha llegado ha escasear, pero la alegría de un estupendo y prolongado día de monte puede más que cualquier leve contrariedad. Además para que están puestos ahí los montes, para eso: para subirlos.

la-cocina-de-samira dijo
El esfuerzo y cansancio de recorrer el camino seguro que se ve recompensado con las vistas y paisajes tan estupendos que hay por esa zona.
Besinos
29 Mayo 2009 | 09:23 AM