Subida a Peregaña. 22/03/09
Altura 625 metros. Alava
A las puertas de la primavera el domingo se muestra con las mejores perspectivas y, después de una frÃa mañana, hace honor a la estación que se avecina. En el monte se empiezan a notar sus efectos: los cerezos, y endrinos plenamente cargados con sus flores blancas; dientes de león, txiribitas y otras flores de vivos colores llenando los prados; árboles como el fresno o el sauce empezando a desperezar sus hojas, mientras otros como el roble no se dan por enterados, de momento.
El recorrido se inicia en Quejana donde nació Pedro López, canciller de Ayala, junto a la puerta de la fortaleza-monasterio de la casa de los Ayala, (la foto del conjunto, durante la subida, permite apreciar toda la estructura de sus edificios) y se dirige hasta el cercano Beotegui para iniciar la subida propiamente dicha. Las primeras rampas, para poner las piernas a tono, son fuertes aunque no demasiado prolongadas, avanzando entre abundantes grupos de pinos y algunos robles o avellanos. Enseguida se llega a un terreno descampado, de abundantes pastos salpicados por robles desnudos y encinas cubiertas por sus verdes caracterÃsticos. La subida se ha suavizado pero sigue de forma continuada hasta la propia cumbre,
Desde aquà las vistas las impresionantes (más aún con este luminoso dÃa). Al sur toda la sierra Salvada, desde la Virgen de Orduña hasta el extremo oeste de la Peña Angulo. Justo enfrente: Unguino y Tologorri a su izquierda, parecen prominentes barcos a punto de iniciar su botadura por las laderas de la sierra. Hacia el sur y hacia abajo se abre una fuerte caÃda vertical hasta Beotegui (es una cumbre asimétrica de ladera norte pronunciada y ladera sur muy tendida), mientras a lo lejos en todas las direcciones, la vista se pierde en el infinito, saltando de cumbre en cumbre.
El regreso se hace por la parte oeste del monte, bajando por prados repletos de vacas que se nos quedan mirando con cara de animal habituado a ver muy a menudo tales especÃmenes humanos invadiendo sus dominios. Al final del camino se vuelve a ver la torre de Ayala.
El punto final de la jornada se lleva a cabo en el cercano pueblo de Maroño. Las campas próximas al pantano son el lugar ideal para comer y beber a pleno sol (las ovejas también tuvieron esa misma idea y casi nos hechan por superioridad numérica) o para cerrar el ojo durante un corto lapso de tiempo, o quizás no fuese tan corto. Un café en el pueblo marca el inicio del viaje de regreso y pone fin a una jornada espléndida.


lasrecetasdeteresa dijo
Espero termines pronto de construir, Je,je,je, Un saludo
25 Marzo 2009 | 08:25 PM